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1/10/2011

Invisibilidad

Cuando pienso en volver, me asalta una angustia suave (angoixa suau, tobeta), sobrellevable por familiar. Esa mezcla de sensación de "me quiero comer el mundo" (que Migue siempre calificó de tremendamente arrogante enunciarla) y de soy finita y caótica; como un no soy suficiente para todas mis "responsabilidades", no llego; y en este caso, no se debe al tiempo, sino a las limitaciones propias con las que hemos aprendido a vivir, pero que continuamente tengo el (¿fatídico?) despiste de olvidar.

Esa suave sensación de angustia se convierte, es devorada, sin embargo, en un deseo que percibo casi como una necesidad: la de ser invisible. Volver y ser invisible. Estar en una ciudad nueva, ajena, te otorga ese estatus de anonimato que yo hace (demasiado) tiempo que perdí en la mía. Y no sólo por la gente (aunque sí principalmente), sino también por la relación con el territorio, las calles, los edificios, las esquinas, todas dotadas de un significado, insertadas en un trayecto, en el relato de una anécdota, en una pequeña historia de esas que componen el cuadro cotidiano de tu vida.
No obstante, la necesidad de invisibilidad al regresar se recrudece con el anonimato de la ciudad desconocida, en la que estás obligada sin escapatoria alguna a ese desconocimiento (por no conocer y no ser re-conocida); ya que sabes que para recuperar esa forma de estar en tu ciudad tendrías que cambiar de vida, de barrio, y, aun así, no la obtendrías, por la presencia o la presencia en el recuerdo de una trayectoria previa que te ha con-formado (gestalt). Es en ese transitar por la ciudad por descubrir, apropiarte, cuando te das cuenta de que en el día a día de tu ciudad has perdido el anonimato, la invisibilidad. Y eso implica que hay espacios que ya no puedes ocupar, en los que no puedes estar desde el mero papel de observador(a), de la que absorbe los que hay a su alrededor, lo que crea la vida (y la vida que se crea) sin tener que intervenir en ellos; simplemente, escuchándolos, tal vez incluso, intentando entenderloos...

1/05/2011

Sola. O solo, de solo nos queda la risa [1]

Hacía mucho que no disfrutaba tanto de mi soledad (qué remedio), o más bien, de estar sola [2]. Lo de la soledad es algo más complejo, más profundo que, sencillamente, hora no me apetece (ni necesito) pensar.

Sin embargo, se había deteriorado la relación, ni siquiera lo había pensado; pero creo que estaba convencida de que nunca me costaría volver al estado de “allein sein”, que no tendría que hacer ningún esfuerzo por situarme en el papel de observadora constante, de la que no interactúa en un espacio más que con su presencia; que tampoco tendría que esforzarme por mantener un (continuo) diálogo conmigo misma, sin interferencia externa alguna, o por perderme en hilos de pensamiento, a veces complejo, muchas otras, de “nube rosa” o de “lilula”. Off topic: a pesar de lo que se muestre de la historia de la filosofía (o del pensamiento europeo), hace mucho que aprendí que pensar, aprender a pensar (que es como se piensa) se hace principalmente en comunidad. (En parte por eso, tienen sentido las asambleas y su transversalidad) y en el estar sola encuentro a faltar esa mirada ajena con la que intercambiar/incorporar pareceres, percepciones, divergencias, miradas; pero ahora no es imprescindible.




Supongo que uno de los gestos que más me ha costado reprimir, a la vez que recuperar es el de (no) reirme sola por la calle: poder comentar(me) un peinado extraño que camina al lado, un titular mal redactado leído de refilón al pasar cerca de un quiosco, un gesto torpe propio, un recuerdo deformado que irrumpe de repente... abstraerme lo suficiente como para que ese comentario gracioso sea eso, un comentario, una forma de verlo -casi externa-; pero no La forma de mirarlo (las gafas, que diría la pintada del baño del instituto). Y así poder saborearle la gracia, el toque de humor. Una vez llegado a ese punto, recuperado el humor sin necesidad de interacción, de contraste; la dificultad ha consistido en no reir como si, efectivamente, tuviera un interlocutor, en reprimir la carcajada. Porque no tengo interlocutor, y entonces, solo queda una calificación posible, la del loco. Y aunque sepa que es posible que no vuelva a pisar ese sitio, o que si lo hago, lo haré dentro de muchos años, y que, en todo caso, ninguna de las personas que tengo cerca en ese momento se volverán a cruzar nunca conmigo y que ¿y qué si lo hicieran? no puedo evitar sentir cierto pudor, cierta obligación adquirida, incorporada, interiorizada de mantener las normas de conducta, no necesariamente de la buena conducta, pero sí las formas, porque soltar la carcajada, reentaría la deformación de esas formas. Al reprimir alguna de esas carcajadas me he dado cuenta de una cosa importante (he aquí una de las utilidades de este viaje): que echo de menos reirme a carcajada limpia, sin pudor, sin reparos, sin condescendencia.

min 1'44''




El humor se me presenta muchas veces como una de las manifestaciones de inteligencia más refinadas que conozco (que pueda llegar a conocer). [3] Una de las contraindicaciones más peligrosas del estrés (activista, o de ese generado por las cosas que te importan) es, pues, precisamente eso: la reducción en número y la disminución cualitativa de la carcajada a borbotones[4]. Lo echo de menos no con nostalgia, sino con necesidad.

Y no sé bien cómo solucionar el problema al volver, ¿lo añado a mi larga lista de tareas para aumentar ese estrés que disminuye la risa? ¿Obligo a mis círculos sociales a hacer talleres de humor? ¿Estoy condenada a ver la Vida de Bryan en random?

He decidido (pensar) que el humor y la risa desvocada son una práctica, así que se trata de ensayarla, de repetirla, de aplicarla. Sin piedad. Sin contemplaciones. (y es que la risa tiene por lo general un componente pequeño, ínfimo de crueldad). Si no es así, si de esta forma no funciona, “zarandeemos a Aristóteles y demandémosle por la risa”.



Apuntes: al elegir en las herramientas del menú del openoffice el castellano como idioma, la única palabra que no reconocía el diccionario era “risa”.





[1] Este título se le tiene que agradecer por entero a la RAE, que exterminó esa tilde que a mí tanto me gustaba, la que distinguía solo (adj) de sólo (adv, abreviatura de solamente). Un sacrificio que solo (o sólo, si una es un poco conservadora -o más bien, tiquismiquis nostálgica- con los entresijos de la lengua) ahora ha mostrado sus frutos. Aunque también provoque equívocos, como este de Berto, que tanto me gusta (Berto y el equívoco, aclaro para disipar las dudas a pesar de las comas): “he tenido solo seis horas de sexo”. Por suerte (o por desgracia) es una confusión que solamente puede darse con los hombres, o aquellas personas que se refieren a sí mismas en género masculino (véase: Rita Barberá). Así pues, estas seis líneas demuestran que tras décadas de existencia, la RAE tiene sentido. (Silogismo en BarBerÁ).



[2] por enésima vez comento que la precisión del alemán para definir y discenir estados y “esencias” me asombra. “Allein sein”, estar sola/o, indica el estado físico, el de la película de “Solo en casa”. “Einsam sein” se refiere al estado de soledad, al solitario/a, a la pesadez de no tener a nadie, de no tener comunidad, al personaje de la película de “Persona”.



[3] Supongo que, en parte, por eso me dejaba perpleja la incomprensión de antonio o david cuando yo afirmaba, sin miramientos, de pasada, que Emilia era una mujer muy inteligente; y ellos no entendían cómo podía decir algo así de alguien que “no tenía estudios” y que, además, muchas veces actuaba de forma muy visceral. (La inteligencia visceral, emocional, esa de la que estamos tan faltos). Reirse de los errores propios sin despecho, de la candidez mostrada en algún momento o de las situaciones embarazosas en las que en ese preciso instante nos va la vida, si alguien sabe hacer eso sin pensarlo, es obviamente una persona inteligente (o un completo estúpido, está claro).

[4] De mayor quiero ser humorista mujer (por eso, estudio derecho), pensamiento enlilua [menor]. 

12/30/2010

trocitos de amistad en 140 caracteres

(intercambio mensajil, de distinta índole a los anteriores :-)

- "Mirimir, en Chile, camino de Buenos Aires, repasando todas las cosas importantes que aprendí de ti, como reirse de una misma [a borbotones] y el desparpajo para con la seriedad. beso, tq"

· "¡Qué bueno recibir noticias tuyas! (Creí que habías pasado por Valencia sin dar señales de vida!) Dale un beso a tu family y llama: tus relatos de los lugares amplían el mundo de quien los escucha. Un beso grande, mir"



A pesar de las "reestructuraciones" después de la pérdida de cotidianeidad compartida, seguimos teniendo dificultades para comunicarnos por teléfono; y sin embargo, nunca dejo de hacer el (vano) ejercicio de incorporar tu mirada cuando viajo a nuevos lugares. 

12/27/2010

Impresiones sobre un viaje organizado, cinco días después

22.XII.10


Me resulta imposible hacer un diario de bitácora sobre mi viaje, tengo la sensación de que son lugares tan gastados, tan visitados, gestos repetidos una y mil veces en el mismo lugar, que hacer un relato personal del viaje me supone una impostura, una mala imitación, una imitación que será propia, pero no personal. Es como si tu persona se viera diluída en las miles de sonrisas que sabes que cada día tu guía turístico distribuye con igual afecto a las decenas de personas que pasan por delante de él, para después a penas poder recordar tu nombre, o ni siquiera eso.

Y que a pesar de eso, si te encuentra sola, va intentar sacar tajada, para olvidar al día siguiente tu nombre de nuevo, porque no le llamaste -por suerte-, y tú al día siguiente vas a pensar que el siguiente guía también es resimpático (y a guardar las distancias, porque ya aprendiste), vas a contemplar el paisaje, batir los miles de comentarios similares que ya se han hecho sobre el lugar para sacar una mezcla nueva que significa lo mismo; y vas a acabar el día en otro hotel, que tiene el mismo olor que el anterior -distintos servicios, otras sábanas, otra vista desde la habitación-, la misma sensación de ausencia. Ausencia y ajeno, Ajeno porque no pertenece a tu cotidaneidad, porque para estar a gusto (y aun así, no te privas de nada) necesitas no pensar que hay gente que vive así a menudo, o que tus padres han decidido gastar lo que han ahorrado estos años para el viaje ( tampoco se han privado de nada, es solo que un viaje así no pueden hacerlo cada año) en ese lugar que puede ser extremadamente acogedor, pero que en el fondo nunca dejar de tener un tufillo a vacío. Y mientras vas acumulando paisajes en la retina, como mails en la primera cuenta que abriste, o piedras de playa en una caja, que son todas diferentes, sin que ninguna de ella sea especial.

Podría hacer un diario de viaje, un diario de viaje y de mis acompañantes de viaje; pero no puedo evitar que me dé una pereza cósmica que diría Glòria. En lo que se refiere a pensarla, estoy cómoda en el lugar en el que me he ubicado con respecto a pensar mi familia. Sin embargo, este viaje ha demostrado que esa ubicación cómoda no es por eso acertada, y que hace aguas. Aun así me resisto a repensarla. Aunque el lugar no sea el adecuado, creo que fue una decisión acertada la de quererlos sin reparos, sin miramientos, desde el cariño, sin pensarlo, sin necesidad de ser cómplices.



12/08/2010

La tendresa de la justícia


“Nadie conoce el nombre de la gente que realmente ha hecho funcionar a los movimientos sociales de la historia [...] Parte de la técnica de despojar de poder a la gente consiste en asegurar que los verdaderos agentes de cambio salen de la historia [...]. Así pues, es preciso distorsionar la historia y hacer como si todo fuese el fruto de Grandes Hombres”
N. Chomsky


La tendresa de la justícia


A l'Associació de Veïns de l'òstia, que Emília Llorca va fundar fa cinc anys, no sabíem què més podíem dir sobre l'Emília; ens semblà que s'havia escrit ja molt. No podíem dir res de nou que generés interès per algú que no l'hagués coneguda mai, ni sabés de la seva existència i lluita fins llegir aquest article. Perquè l'Emília Llorca era una dona comuna, i era aquest el seu tret més important. I dones comunes, com l'Emília, viuen en una comunitat i necessiten d'aquest com a condició imprescindible de la seva forma de vida; d'un espai en què tots som iguals amb les nostres diferències i que és de tots i de totes perquè el cuidem dia a dia. Emília encarnava la comunitat, aquella en la que la gent es solidaritza i es preocupen els uns pels altres; des de la que es comparteix i es construeix el barri en el que poder i voler viure.

Poder viure, perquè dones comunes com l'Emília encarnen la tendresa de la justícia col·lectiva. I és així com en un barri com La Barceloneta poden ser les impulsores d'una lluita d'anys contra els plans especulatius de l'Ajuntament, de victòries de batalles que semblaven perdudes com la que es porta dia a dia en La Barceloneta contra el “pla dels ascensors” -a hores d'ara, políticament mort- i les seves variants. Amb la seva mirada i acció justa i tendra agiten la intel·ligència col·lectiva en contra de les injustícies generades per les desigualtats socials o la cobdícia dels que, com en la rondalla del pescador, només pensen en tenir més vaixells. I alhora exerceixen cada dia de guardianes de l'esperit popular de la festa major d'un barri, per regalar-ho com un gest sense importància, fruit del treball quotidià i garant de l'enfortiment d'una comunitat castigada per la indústria del turisme.
Dones comunes com l'Emília tenen el carisma per fer que quan marxen ningú no deixi de lluitar.
Són tan comunes que segurament molts de nosaltres mai no havíem conegut a ningú tan especial. I és amb i gràcies a aquestes persones comunes amb les que els barris es construeixen dia a dia per i per a tothom.

11/11/2010

#nuncamasdirequesiaunarticulo


Avui he vist que l'havien penjat a enfocant i he pensat que jo havia de posar-ho al meu bloc, per molt que m'avergonyeixi. 
És un textet que vaig fer pel bloc de la Confavc, i que no diu res que estimuli a pensar més enllà, l'únic que té de bo és que em va servir per establir vincles amb la gent del meu barri que suposadament està preocupada per la "inseguretat".

On és l'enemic? O la necessitat de l'autocrítica al món veïnal

En els últims anys han sorgit espontàniament plataformes veïnals que reivindiquen “millores” pels nostres barris o denuncien degradació, problemes de convivència i “inseguretat” al marge de les associacions de veïns. Això ens ha obert la porta a moltes associacions a fer una reflexió autocrítica necessària en temps de crisi i d'escassa mobilització. Com a moviment veïnal tenim actualment una mancança greu a l'hora d'interpel·lar a molts veïns amb el nostre discurs i formes de fer, ja que aquest senten les nostres propostes alienes a la seva quotidianitat, encara que siguin pertinents.
Una de les tasques crucials d'una associació de veïns és construir una visió global de barri més justa i incloent a través del coneixement del territori concret en què actuem, amb una composició social cada cop més heterogènia i paradoxal. Aquesta tasca porta implícita la necessitat de transmetre eixa visió de barri i emmarcar-la en un context de ciutat -neoliberal-, en el qual un projecte de barri fet des d'abaix entrarà en conflicte amb l'administració i els poders econòmics.

Sense entrar a analitzar si les associacions de veïns hem assolit la tasca, el que resulta innegable és que manegem un concepte de veí obsolet i poc acurat a les nostres realitats properes, així com que tenim serioses dificultats per trobar vies de comunicació de les nostres tasques, així doncs -quan existeix- la transmissió d'un projecte global de barri fracassa habitualment. Per tant, no podem deixar de valorar positivament el sorgiment d'aquestes noves plataformes, i apropar-nos per veure de quina manera ens podem contaminar els uns als altres.

La autoorganització de veïns en plataformes, grups... pot ajudar a restaurar un teixit social cada cop més erosionat per les condicions de vida, i en el cas dels barris del centre, la pressió turística. No obstant això, “la intenció no és el que conta” i per això quan un grup que s'erigeix com a un interlocutor en un barri vol intervenir en un territori concret és necessari conèixer tant les conseqüències que pot arribar a tenir la intervenció, com els motius que han portat a eixa situació determinada. Per intervenir en una situació de conflicte cal saber qui és l'enemic. I l'enemic no pot ser aquell que no ha decidit estar on està. Diferents exemples de plataformes veïnals sorgides recentment reprodueixen un discurs genèric contra l'administració, però focalitzen les seves crítiques en la brutícia, aquells que generen inseguretat a peu de carrer (des de “rateros de poca monta” fins a turistes), o inclús els sense-sostre (per la imatge que generen). Si identifiquem com enemic al que no ha decidit (com a figura, la decisió particular és un altra cosa) exercir el seu paper, estem apuntant malament.

Per una banda, és necessari reconèixer els responsables de la degradació del barri, és a dir, aquells que tenen la capacitat de decisió: la administració pública i per davant seu (o darrere seu) els poders econòmics. Per l'altra banda, es tracta de buscar i crear formes d'acció que continguin projectes a llarg termini. Si hem constatat la manca de voluntat per part de l'administració de construir un barri a mesura de tots fent servir com a rasadora les persones amb menys recursos, resulta obvi que la contrapartida no pot ser reforçar a l'administració en el seu paper de “papà-estat” i potenciar que intervingui amb solucions parcials que s'han demostrat ineficaces a llarg termini. Sinó que s'ha d'anar més enllà de la denúncia genèrica i mal·leable i (re)construir una realitat social en què els problemes de convivència siguin gestionats per la comunitat i no sancionats per l'administració. Tornar a una visió i una creació de barri incloent amb què tots tornem a posar a sobra la taula que els barris els construïm entre totes. I aquí les associacions de veïns hauríem de tenir molt a aportar.



10/10/2010

Es regnet...überall

Grund







Dolor compartido entre generaciones,
hay ausencias que son puentes de complicidad



Cuando hay que recurrir a la idea de familia no biológica para explicar nexos, complicidades y sentimientos que no se dan en la normalidad establecida




No sé qué haría si no pudiera buscar (y encontrar) tu mirada cuando me expongo ante tanta gente, y la exposición deja de serlo sólo porque estamos nosotros ahí; y no soy yo sola. No puedo serlo.

más

8/18/2010

Reflexiones importantes

             Renunciar a la imaginación es abandonar las armas en tiempos de guerra


        Ningunear la fantasía es entregarse al enemigo en tiempos de Inquisición

8/09/2010

Encuentros virtuales, y puzzles cotidianos

Estaba a punto de irme a dormir: cerrar todas las pestañas del navegador, apagar el ordenador y acostarme. Alguien me interpeló por el chat del facebook, no contesté; pero seguramente por inercia, comprobé quién más estaba conectado. Germano-banano. Tres días antes había tenido una breve conversación con Marta sobre él. Nada insólito, las pocas veces que Marta y yo nos vemos dedicamos el principio de la conversación a ponernos al día sobre nuestros amigos comunes. A veces alargamos el tema durante todo el encuentro para dejar que el cariño disimule que hay épocas en las que no tenemos nada que contarnos, ni un lugar común en el que aterrizar.

Ese repaso a modo de titular sobre la vida de germano-banano lo rescató de un estado catatónico en mi memoria, según el cual estaba en Londres y su vida no discurría de otra manera que "estando en Londres".

Chateamos más de una hora





Aun no me he acostumbrado a los encuentros virtuales con aquellos de cuya vida presente no me he hecho una imagen clara. Es como si necesitara tener primero el cuadro al óleo para después introducir los píxeles.
La conversación se desarrolló a trompicones, de manera inconexa; mas sin sordera. De repente, volvió a cobrar textura esa persona que durante un tiempo había sido una pieza importante en mi puzzle social cotidiano, que más tarde había tenido que reestructurar y ubicar en un lugar menos tangible; y que ahora en mi cotidianeidad simplemente vagaba por el rinconcito de los seres queridos a quien no hace falta a penas cuidar mucho, porque hay un cariño asentado difícil de perder, olvidar, pero también a veces de confirmar en lo concreto.

Anoche no me reencontré con germano-banano desde mi yo-presente para redibujar su imagen y percibirlo tal y como es hoy. Fue un encuentro más, como muchos otros chats, tal vez más "desaliñao"; uno de esos encuentros que me confirmaron que seguía consituyendo una pieza de mi puzzle a la que no sabría renunciar. Un encuentro virtual que, a pesar del tiempo transcurrido, no necesitó de grandes anuncios, narraciones, relatos o regalos para saber que se podría dar una y otra vez, porque la calidad de la relación (el Kern) está más allá de un encuentro aquí o allá, al mismo tiempo que los necesita. Anoche simplemente vimos que nos podíamos volver a encontrar, ver y escuchar, de una manera u otra, y eso no tenía por qué tener nada de especial. Simplemente podía ser y era.

7/24/2010

Diario de duelo

Incluso hoy la echo de menos. Pensaba -y seguramente es así- que con el tiempo la impotencia y el dolor agudo de la percepción de su ausencia desaparecerían, y, sí, seguramente es así; pero yo hoy la echo de menos. No tanto de manera nostálgica, sino como un desgarre profundo de una parte de mí que se me clava, impuesto, incombatible; y me situa en la soledad de su ausencia más absoluta.

4/07/2010

Cuerpos

Los cuerpos están. Los cuerpos son. En realidad, son el único hilo conductor de nuestras vidas: nuestra psike, personalidad cambia. Estoy segura de que yo no soy la misma persona que hace 10 años, mis ideas no son las mimas, han cambiado, evolucionado, algunas se han almacenado en la obsolescencia, he incorporado otras. Y, sobre todo, mis gestos, mis acciones (aquello que en realidad conforma mi precaria y mutante identidad) son radicalmente diferentes, a veces se asemejan a viejos gestos, otras los gestos nuevos son gestos viejos reinventados; y de manera infinita mis acciones se renuevan.


Pero el cuerpo permanece, se metamorfosea, evoluciona, se degrada, mas nunca se sustituye.
El cuerpo lo asimila todo, y va sumando pequeñas cargas, confeccionando mochilas cuyos pesos va acumulando. Cargas que se aligeran o agravan dependiendo del lugar en que en ese momento situemos el cuerpo, se sitúe él. (Hacer una disociación es en realidad erróneo, somos cuerpo).


Y el mío, en mi fragilidad, en ocasiones se refugia o cae rápidamente en la sensible percepción del rechazo, en una imagen pasada que se re-presenta inesperadamente de cuerpo-no-deseado. Por eso, uso las palabras, porque en ellas mi cuerpo no puede sentir el rechazo y empequeñecer, ceder todo el espacio a ese rincón oscuro en que habitan las inseguridades (que ya sabemos que pertenecen al mundo de lo irracional). Desde la expresión, petición verbal, mi cuerpo se autodefiende de la interacción rechazada o malinterpretada. Es desde ahí.

2/28/2010

De políticos y política




Una aclaración: hace mucho, desde los tiempos de la transición, la clase política se empeñó (y lo logró) en hacernos creer que la política, el hacer político sólo les incumbía y pertenecía a ellos. 

Empezó cuando PSOE salió a la tribuna con el mensaje para los movimientos sociales y la ciudadanía de que ya se podían ir para casa, porque ahora “gobernaban los buenos”. 
Ese gesto lo repitió en 2004, después de ganar las elecciones; sin embargo, la democracia menos injusta se construye desde abajo, con un control continuo y exhaustivo de la sociedad civil a las administraciones y unas reivindicaciones que no son sino el camino hacia la (re)conquista de derechos.




2/21/2010

Reproducciones oníricas de la tristeza

Era un piso medio vacío, frío, de esos construídos en los años 80, con el suelo de piedra dura de cocina, las paredes blancas con rebozado y las puertas de un material que imita a madera, pero que es obvio que no lo es.
Como digo, el piso estaba medio vacío, o vacío entero, detrás mío había un ventana que dejaba entrar luz, un luz grisácea fruto de un tiempo nublado y lluvioso.

En una silla, delante mío, estaba Emilia; alegre, sonriente. Ella sabía que yo estaba allí, y eso también contribuía a su alegríaa, pero no podíamos comunicarnos, entre nosotras había esa distancia que se interponía entre nosotras cuando llevábamos mucho tiempo sin vernos y nos daba miedo no tener ya nada en común, esa distancia que se acortaba y desaparecía con el trato diario.
Ella estaba sentada y sonriente, de repente, hablaba con L, su amiga, que acababa de entrar, con silla de ruedas incluída, desde una puerta que daba a un patio, aunque estábamos en un piso alto. A un patio hundido con luz de atardecer y farolillos de colores.

Emilia estaba allá y yo no podía hablar con ella, porque sabía que estaba soñando y que Emilia Llorca estaba muerta. Así que empezaba a llorar, muy fuerte, para queme oyeran fuera del sueño, cada vez más fuerte, para deshacerme de la tristeza...y ella seguía sonriendo, ajena a esa tristeza que no iba con ella. Ahora estática, porque esa imagen -y yo era consciente de eso- la tenía yo congelada en mi retina. Por eso, lloraba fuerte, muy fuerte; para que la tristeza se colocara allá donde pertenecía, fuera del sueño, y yo pudiera con mi consciencia-sueño, recrear una situación en la que hablara con ella.

Pero no podía para de llorar, no podía controlar el sueño.

Después el sueño continuaba, en el patio, con gente de La Barceloneta, su presencia de alguna manera en la casa de al lado del patio que ya no era el piso, sino un espacio más acogedor; su hijo pequeño también sonriente...

Y ahora la tristeza ya está donde tenía que estar. Y yo no puedo parar de llorar.

Es curioso como la lógica de los sueños se vuelve a veces surreal, pero también aplastantemente burda: tenía que llorar más fuerte para que la tristeza saliera fuera del sueño.


2/04/2010

Estrés

                                     
que vuelve.
Vuelvo a vomitar por las mañanas. 
 
 De momento, no me quita el sueño.
 Habrá que intentar aplanar la montaña, pero es un mal momento.

Nunca había estado tan triste.

1/29/2010

Cuando él me deje

La gestión del rechazo nunca resulta fácil. No sabemos cómo encajarlo. Intentamos obviarlo, o cuando lo reconocemos públicamente, hacemos bandera de él para mostrarnos como un personaje configurado por el rechazo, como una mofa, una autocrítica que permite evitar la autorevisión, llegar a aquel lugar donde el rechazo hace realmente daño.

Pero el rechazo es diferente a "que te dejen", a que te extirpen la decisión que habías tomado de apostar por alguien, de estar con esa persona, de compartir tu intimidad con ella; y como mínimo desde ahí, construir algo juntos, puede que tan sólo una cotidianeidad.
El rechazo es diferente al abandono. A pensarte acompañado y quedarte solo. Saberte solo.

Y eso me ocurrirá con la "sanfte Welt". Esa "sanfte Welt" a la que un día tuve el despiste desenfadado y sano de decirle que nunca me habían dejado, permitiéndola así hacerse un cuadro de situación diferente al que yo vivía, tal vez más ajustado a la realidad; pero lleno de esquemas y proyecciones previas. Un cuadro en el que mi figura era una figura central que siempre había tenido lo que había querido, una figura fuerte que siempre había abandonado, pero nunca había sentido el desgarro de una decisión impuesta desde un yo para con un nosotros.

En ese momento, tuve la extraña sensación de que arrastraría ese despiste más de lo que un despiste desenfadado merecía, adoptando el peso que sólo se le puede otorgar a una afirmación deliberada -y ensañada-.

Así que cuando él me deje recordaré ese despiste, pero también esos muchos intentos de hacer bromas -a veces arriesgadas- con temas delicados, que yo pensaba que sólo (o principalmente) podían normalizarse a través del humor.
Como el de hoy.

Parece que hay lugares y ocasiones en las que aun hablamos cada uno idiomas diferentes. Y esas lenguas no se refieren a un léxico distinto, sino a una forma de estar.

Cuando él me deje, me dolerá. Será un dolor tan nuevo, como previsto.

10/26/2009

ca(n)sa-miento (previos)

Aunque precisamente en este casamiento hubo poco de cansacio y nada de mentira. No sé muy bien qué esperaba y, creo que por suerte, no había tenido tiempo de pensarlo, de imaginarlo en los días previos y, por lo tanto, de proyectar en el evento unas expectativas. No es que no le hubiera dedicado espacio mental a la boda de dos grandes amigos. A ella siempre la definía como "mi mejor amiga de valencia" o, cuando quería evitar la connotación adolescente de "mejor amiga", decía "mi super colegui de Valencia"; expresiones muy coloquiales las dos, pero que desde ese registro mostraban que se trataba de una persona importante en mi vida; eso en lo referente a ella, a él lo había ido descubriendo con el tiempo y casi más desde la distancia, a través de ella, pero también desde un lugar propio de nosotros dos, paralelamente había ido construyendo una amistad con él, entendiendo y asimilando la relación y apusta de ella por él. La de él por ella me resultaba demasiado obvia como para tan siquiera tener que racionalizarla.

Así que, obviamente sí que había pensado sobre la ocasión, sobre el porqué y de dónde provenía esa motivación, en qué partes estaba de acuerdo con ella; y qué razones les implusaban a casarse con las que yo discordaba, sin que eso supusiera un conflicto o una distancia, sino simplemente una forma diferente de vivir y entender las relaciones (su relación) y la vida, tanto presente, como proyectada. Y, más allá de la institucionalización de su relación y de la proclama pública de su apuesta vital en el plano emocional, también había imaginado la ceremonia y la celebración; en ocasiones con horror, cuando el puzzle de cómo se desarrollaría estaba compuesto principalmente de las piezzas que tenían como imagen las grandes diferencias a la hora de pensar el festejo de tal comun-ión; otras con impaciencia, cuando había intentado imaginar cuál sería exactamente la composición social y el "programa" de la boda, y veía que no mis conocimientos de la familia de él, incluso de parte de la familia de ella, y de las relaciones -de las relaciones- de ambas, estaban incompletos. Otras veces, había dejado que el juego imaginativo tuviera como hilo conductor el vestido que llevaría, de manera que el juego mental consistía en situar físicamente a mi persona vestida de una manera u otra en diferentes espacios de la casa -que ya conocía, lo cual me facilitaba bastante imaginar los escenarios- y rellenar esos espacios de personajes bien cercanos, conocidos, bien intuidos, inventados o rescatados de vagos recuerdos y de conversaciones con ellos sobre sus familias y amigos. En algún otro momento me había descubierto teniendo un diálogo con maría, o con alguna persona lejana con quien sabía que la boda me brindaría la posibilidad de encontrarme con una complicidad que podría conducirnos más allá o quedarse en mero intercambio de opiniones simpático.

Había imaginado la ocasión de múltiples maneras, y nunca hasta el final; la había pensado desde lo visceral, y desde lo racional; desde un camino intermedio entre mi yo-pasado y mi yo-presente; desde la diferencia y desde la cercanía y la alegría...
Y cómo no, la realidad cambiante se impuso, y ninguna de las múltiples fotografías que se hicieron en la boda representará la imagen que yo me había hecho; sin embargo, en esta ocasión, el conocimiento (casi más emocional, personal que racional) de la situación y el contexto sí que hizo que nada fuera tan sumamente diferente a mis pensamientos como para que lo sintiera ajeno.

Sin emabrgo, no fui consciente de la embergadura del asunto hasta que me encontré realmente en situación.

10/05/2009

Schokolade-n

schokoladen, ein TrAuM seit meiner Kindheit

8/15/2007

Berlin



Jetzt, dass es mir schon klar ist, dass es tausende von Blogs im Internet gibt; kann ich mir auch trauen, etwas persönliches zu schreiben. Das mache ich zwar auf Deutsch, weil ich über berlin schreiben werde. Eigentlich (so wie wir, oder viele machen) über meine Erfahrung in dieser schon erfährtent Stadt.

Ich kann diese Ohnmacht und Traurigket nicht loswerden. Vielleiht hab' ik net die richtige Entscheidung getroffen, als ich beschloss habe, nach berlin zu kommen; bei tanja zu bleiben und den Kontakt mit der ,,politischen Szene" nicht vermeiden können.
Aber in einer anderen Stadt Deutschlands hätte mir die Luft gefehlt.
Andere Leute, soziales Unternehmen lüft immer den kleinen Raum, indem ich meine Existenz mit mir selbst spiele.
Aber vielleicht war eine Stadt, wo einmal die Sachen (die Politikshandelnsentwicklung) anders gewesen sein könnten, nicht der Platz, wo ih aufladen sollte. Ich habe keine Energie dafür, die ganze Stadt aufzuessen.

Dieses Mal habe ich es nicht geschafft (nur ganz selten), einfach von der Stadt entführt werden. Spazieren gehn, ohne einen bestimten Zweck, oder bestimmtes Ziel, und dann plötzlich nicht mehr wissen, wo ich mich befinde; oder plötzlich entdecken, dass ich mit jemandem seit einer halben Stunde quatsche, und dass ich nicht weiss, wer er/sie ist, und wieso er/sie mir sein/ihr ganzes Leben erzählt; aber ich höre aufmerksam zu. Ne, deises Mal hat Berlin es nicht geschafft, hat meine ,,innere Konflikte" und meine Last nicht gewinnen können. Und ich hätte es ihr erlaubt, sogar vernahlässigt.

Doch haben die breiten Strassen, das Grüne an Berlin mein Blick erleichtert. Aber es tut mir immer noch weh, herum zu gucken. Und das politisches Blick auf die Stadt, auf die Welt ist mir sehr wichtig; aber nicht wenn's mir zur Ohnmacht, Ratlosigkeit bringt; sondern wenn es dazu führt, der Wirklichkeit Wunde zu machen, wenn's zur situationierten Aktion führt.
Trotzdem kannman das Blick nicht erleichtern, wenn es vom ,,Innen" her erschwert wird.
Man weisst schon: man sieht, erlebt die Plätze und Räume immmer von sich selber aus. Berlin kommt mir jetzt so vor, wie eine Stadt mit vielen Ecken, bei der es aber es sich nicht so viel lohnt, sie alle zu entdecken. Eine Stadt voll von Geschichte-Schichten, an den ich einfach vorbeilaufen kann, und nicht würde passieren/sich ändern.

und nichts ändert sich tatsächlich

8/13/2007

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