1/10/2011

Invisibilidad

Cuando pienso en volver, me asalta una angustia suave (angoixa suau, tobeta), sobrellevable por familiar. Esa mezcla de sensación de "me quiero comer el mundo" (que Migue siempre calificó de tremendamente arrogante enunciarla) y de soy finita y caótica; como un no soy suficiente para todas mis "responsabilidades", no llego; y en este caso, no se debe al tiempo, sino a las limitaciones propias con las que hemos aprendido a vivir, pero que continuamente tengo el (¿fatídico?) despiste de olvidar.

Esa suave sensación de angustia se convierte, es devorada, sin embargo, en un deseo que percibo casi como una necesidad: la de ser invisible. Volver y ser invisible. Estar en una ciudad nueva, ajena, te otorga ese estatus de anonimato que yo hace (demasiado) tiempo que perdí en la mía. Y no sólo por la gente (aunque sí principalmente), sino también por la relación con el territorio, las calles, los edificios, las esquinas, todas dotadas de un significado, insertadas en un trayecto, en el relato de una anécdota, en una pequeña historia de esas que componen el cuadro cotidiano de tu vida.
No obstante, la necesidad de invisibilidad al regresar se recrudece con el anonimato de la ciudad desconocida, en la que estás obligada sin escapatoria alguna a ese desconocimiento (por no conocer y no ser re-conocida); ya que sabes que para recuperar esa forma de estar en tu ciudad tendrías que cambiar de vida, de barrio, y, aun así, no la obtendrías, por la presencia o la presencia en el recuerdo de una trayectoria previa que te ha con-formado (gestalt). Es en ese transitar por la ciudad por descubrir, apropiarte, cuando te das cuenta de que en el día a día de tu ciudad has perdido el anonimato, la invisibilidad. Y eso implica que hay espacios que ya no puedes ocupar, en los que no puedes estar desde el mero papel de observador(a), de la que absorbe los que hay a su alrededor, lo que crea la vida (y la vida que se crea) sin tener que intervenir en ellos; simplemente, escuchándolos, tal vez incluso, intentando entenderloos...

1/05/2011

Sola. O solo, de solo nos queda la risa [1]

Hacía mucho que no disfrutaba tanto de mi soledad (qué remedio), o más bien, de estar sola [2]. Lo de la soledad es algo más complejo, más profundo que, sencillamente, hora no me apetece (ni necesito) pensar.

Sin embargo, se había deteriorado la relación, ni siquiera lo había pensado; pero creo que estaba convencida de que nunca me costaría volver al estado de “allein sein”, que no tendría que hacer ningún esfuerzo por situarme en el papel de observadora constante, de la que no interactúa en un espacio más que con su presencia; que tampoco tendría que esforzarme por mantener un (continuo) diálogo conmigo misma, sin interferencia externa alguna, o por perderme en hilos de pensamiento, a veces complejo, muchas otras, de “nube rosa” o de “lilula”. Off topic: a pesar de lo que se muestre de la historia de la filosofía (o del pensamiento europeo), hace mucho que aprendí que pensar, aprender a pensar (que es como se piensa) se hace principalmente en comunidad. (En parte por eso, tienen sentido las asambleas y su transversalidad) y en el estar sola encuentro a faltar esa mirada ajena con la que intercambiar/incorporar pareceres, percepciones, divergencias, miradas; pero ahora no es imprescindible.




Supongo que uno de los gestos que más me ha costado reprimir, a la vez que recuperar es el de (no) reirme sola por la calle: poder comentar(me) un peinado extraño que camina al lado, un titular mal redactado leído de refilón al pasar cerca de un quiosco, un gesto torpe propio, un recuerdo deformado que irrumpe de repente... abstraerme lo suficiente como para que ese comentario gracioso sea eso, un comentario, una forma de verlo -casi externa-; pero no La forma de mirarlo (las gafas, que diría la pintada del baño del instituto). Y así poder saborearle la gracia, el toque de humor. Una vez llegado a ese punto, recuperado el humor sin necesidad de interacción, de contraste; la dificultad ha consistido en no reir como si, efectivamente, tuviera un interlocutor, en reprimir la carcajada. Porque no tengo interlocutor, y entonces, solo queda una calificación posible, la del loco. Y aunque sepa que es posible que no vuelva a pisar ese sitio, o que si lo hago, lo haré dentro de muchos años, y que, en todo caso, ninguna de las personas que tengo cerca en ese momento se volverán a cruzar nunca conmigo y que ¿y qué si lo hicieran? no puedo evitar sentir cierto pudor, cierta obligación adquirida, incorporada, interiorizada de mantener las normas de conducta, no necesariamente de la buena conducta, pero sí las formas, porque soltar la carcajada, reentaría la deformación de esas formas. Al reprimir alguna de esas carcajadas me he dado cuenta de una cosa importante (he aquí una de las utilidades de este viaje): que echo de menos reirme a carcajada limpia, sin pudor, sin reparos, sin condescendencia.

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El humor se me presenta muchas veces como una de las manifestaciones de inteligencia más refinadas que conozco (que pueda llegar a conocer). [3] Una de las contraindicaciones más peligrosas del estrés (activista, o de ese generado por las cosas que te importan) es, pues, precisamente eso: la reducción en número y la disminución cualitativa de la carcajada a borbotones[4]. Lo echo de menos no con nostalgia, sino con necesidad.

Y no sé bien cómo solucionar el problema al volver, ¿lo añado a mi larga lista de tareas para aumentar ese estrés que disminuye la risa? ¿Obligo a mis círculos sociales a hacer talleres de humor? ¿Estoy condenada a ver la Vida de Bryan en random?

He decidido (pensar) que el humor y la risa desvocada son una práctica, así que se trata de ensayarla, de repetirla, de aplicarla. Sin piedad. Sin contemplaciones. (y es que la risa tiene por lo general un componente pequeño, ínfimo de crueldad). Si no es así, si de esta forma no funciona, “zarandeemos a Aristóteles y demandémosle por la risa”.



Apuntes: al elegir en las herramientas del menú del openoffice el castellano como idioma, la única palabra que no reconocía el diccionario era “risa”.





[1] Este título se le tiene que agradecer por entero a la RAE, que exterminó esa tilde que a mí tanto me gustaba, la que distinguía solo (adj) de sólo (adv, abreviatura de solamente). Un sacrificio que solo (o sólo, si una es un poco conservadora -o más bien, tiquismiquis nostálgica- con los entresijos de la lengua) ahora ha mostrado sus frutos. Aunque también provoque equívocos, como este de Berto, que tanto me gusta (Berto y el equívoco, aclaro para disipar las dudas a pesar de las comas): “he tenido solo seis horas de sexo”. Por suerte (o por desgracia) es una confusión que solamente puede darse con los hombres, o aquellas personas que se refieren a sí mismas en género masculino (véase: Rita Barberá). Así pues, estas seis líneas demuestran que tras décadas de existencia, la RAE tiene sentido. (Silogismo en BarBerÁ).



[2] por enésima vez comento que la precisión del alemán para definir y discenir estados y “esencias” me asombra. “Allein sein”, estar sola/o, indica el estado físico, el de la película de “Solo en casa”. “Einsam sein” se refiere al estado de soledad, al solitario/a, a la pesadez de no tener a nadie, de no tener comunidad, al personaje de la película de “Persona”.



[3] Supongo que, en parte, por eso me dejaba perpleja la incomprensión de antonio o david cuando yo afirmaba, sin miramientos, de pasada, que Emilia era una mujer muy inteligente; y ellos no entendían cómo podía decir algo así de alguien que “no tenía estudios” y que, además, muchas veces actuaba de forma muy visceral. (La inteligencia visceral, emocional, esa de la que estamos tan faltos). Reirse de los errores propios sin despecho, de la candidez mostrada en algún momento o de las situaciones embarazosas en las que en ese preciso instante nos va la vida, si alguien sabe hacer eso sin pensarlo, es obviamente una persona inteligente (o un completo estúpido, está claro).

[4] De mayor quiero ser humorista mujer (por eso, estudio derecho), pensamiento enlilua [menor]. 

12/30/2010

trocitos de amistad en 140 caracteres

(intercambio mensajil, de distinta índole a los anteriores :-)

- "Mirimir, en Chile, camino de Buenos Aires, repasando todas las cosas importantes que aprendí de ti, como reirse de una misma [a borbotones] y el desparpajo para con la seriedad. beso, tq"

· "¡Qué bueno recibir noticias tuyas! (Creí que habías pasado por Valencia sin dar señales de vida!) Dale un beso a tu family y llama: tus relatos de los lugares amplían el mundo de quien los escucha. Un beso grande, mir"



A pesar de las "reestructuraciones" después de la pérdida de cotidianeidad compartida, seguimos teniendo dificultades para comunicarnos por teléfono; y sin embargo, nunca dejo de hacer el (vano) ejercicio de incorporar tu mirada cuando viajo a nuevos lugares. 

12/27/2010

Impresiones sobre un viaje organizado, cinco días después

22.XII.10


Me resulta imposible hacer un diario de bitácora sobre mi viaje, tengo la sensación de que son lugares tan gastados, tan visitados, gestos repetidos una y mil veces en el mismo lugar, que hacer un relato personal del viaje me supone una impostura, una mala imitación, una imitación que será propia, pero no personal. Es como si tu persona se viera diluída en las miles de sonrisas que sabes que cada día tu guía turístico distribuye con igual afecto a las decenas de personas que pasan por delante de él, para después a penas poder recordar tu nombre, o ni siquiera eso.

Y que a pesar de eso, si te encuentra sola, va intentar sacar tajada, para olvidar al día siguiente tu nombre de nuevo, porque no le llamaste -por suerte-, y tú al día siguiente vas a pensar que el siguiente guía también es resimpático (y a guardar las distancias, porque ya aprendiste), vas a contemplar el paisaje, batir los miles de comentarios similares que ya se han hecho sobre el lugar para sacar una mezcla nueva que significa lo mismo; y vas a acabar el día en otro hotel, que tiene el mismo olor que el anterior -distintos servicios, otras sábanas, otra vista desde la habitación-, la misma sensación de ausencia. Ausencia y ajeno, Ajeno porque no pertenece a tu cotidaneidad, porque para estar a gusto (y aun así, no te privas de nada) necesitas no pensar que hay gente que vive así a menudo, o que tus padres han decidido gastar lo que han ahorrado estos años para el viaje ( tampoco se han privado de nada, es solo que un viaje así no pueden hacerlo cada año) en ese lugar que puede ser extremadamente acogedor, pero que en el fondo nunca dejar de tener un tufillo a vacío. Y mientras vas acumulando paisajes en la retina, como mails en la primera cuenta que abriste, o piedras de playa en una caja, que son todas diferentes, sin que ninguna de ella sea especial.

Podría hacer un diario de viaje, un diario de viaje y de mis acompañantes de viaje; pero no puedo evitar que me dé una pereza cósmica que diría Glòria. En lo que se refiere a pensarla, estoy cómoda en el lugar en el que me he ubicado con respecto a pensar mi familia. Sin embargo, este viaje ha demostrado que esa ubicación cómoda no es por eso acertada, y que hace aguas. Aun así me resisto a repensarla. Aunque el lugar no sea el adecuado, creo que fue una decisión acertada la de quererlos sin reparos, sin miramientos, desde el cariño, sin pensarlo, sin necesidad de ser cómplices.



12/08/2010

La tendresa de la justícia


“Nadie conoce el nombre de la gente que realmente ha hecho funcionar a los movimientos sociales de la historia [...] Parte de la técnica de despojar de poder a la gente consiste en asegurar que los verdaderos agentes de cambio salen de la historia [...]. Así pues, es preciso distorsionar la historia y hacer como si todo fuese el fruto de Grandes Hombres”
N. Chomsky


La tendresa de la justícia


A l'Associació de Veïns de l'òstia, que Emília Llorca va fundar fa cinc anys, no sabíem què més podíem dir sobre l'Emília; ens semblà que s'havia escrit ja molt. No podíem dir res de nou que generés interès per algú que no l'hagués coneguda mai, ni sabés de la seva existència i lluita fins llegir aquest article. Perquè l'Emília Llorca era una dona comuna, i era aquest el seu tret més important. I dones comunes, com l'Emília, viuen en una comunitat i necessiten d'aquest com a condició imprescindible de la seva forma de vida; d'un espai en què tots som iguals amb les nostres diferències i que és de tots i de totes perquè el cuidem dia a dia. Emília encarnava la comunitat, aquella en la que la gent es solidaritza i es preocupen els uns pels altres; des de la que es comparteix i es construeix el barri en el que poder i voler viure.

Poder viure, perquè dones comunes com l'Emília encarnen la tendresa de la justícia col·lectiva. I és així com en un barri com La Barceloneta poden ser les impulsores d'una lluita d'anys contra els plans especulatius de l'Ajuntament, de victòries de batalles que semblaven perdudes com la que es porta dia a dia en La Barceloneta contra el “pla dels ascensors” -a hores d'ara, políticament mort- i les seves variants. Amb la seva mirada i acció justa i tendra agiten la intel·ligència col·lectiva en contra de les injustícies generades per les desigualtats socials o la cobdícia dels que, com en la rondalla del pescador, només pensen en tenir més vaixells. I alhora exerceixen cada dia de guardianes de l'esperit popular de la festa major d'un barri, per regalar-ho com un gest sense importància, fruit del treball quotidià i garant de l'enfortiment d'una comunitat castigada per la indústria del turisme.
Dones comunes com l'Emília tenen el carisma per fer que quan marxen ningú no deixi de lluitar.
Són tan comunes que segurament molts de nosaltres mai no havíem conegut a ningú tan especial. I és amb i gràcies a aquestes persones comunes amb les que els barris es construeixen dia a dia per i per a tothom.

12/07/2010

La parte amarga de la fiesta

Tengo que escribir un artículo sobre la Emilia, y tengo la certeza de que ya está todo dicho; porque lo que no se ha dicho es lo inenarrable de una pérdida.


"Sencillez, justicia, luchadora, ganas de vivir, buena persona, humildad, necesaria, carisma..." sustantivos y adjetivos que sencillamente no tengo ganas de repetir. Qué puedo decir que no se haya dicho, o qué puedo decir que mitigue el dolor: nada. Que un año es demasiado poco tiempo, que hay ausencias que son capaces de determinar tus trayectos cotidianos, capaces de palparse en los momentos más difíciles, a través de las que sigues aprendiendo, resignificando momentos, encuentros, situaciones...

Que hay ausencias, como la suya, frente a las que no hay racionalidad que se resista. Sencillamente, no quiero escribir sobre ella, quiero tenerla aquí. Quiero, hasta casi necesitarlo casi corporalmente, que me diga qué piensa sobre el tema de la seguridad, qué hay que tener en cuenta, que me explique cómo lo percibe ella, discutirle; pensar que se equivoca; darme cuenta de que ni lo uno, ni lo otro.

No quiero escribir sobre ella, porque asumir su muerte ha sido difícil, pero escribir sobre ella es recordarla en vida; y creo que es a eso a lo que me niego. A regresar y revivir su recuerdo, sabiendo que ya nunca será más que aquello que yo pueda conservar en la memoria.



Se nos olvidó asumir que "cap veí fora del barri" era un lema que no podíamos aplicar contra la muerte

11/11/2010

#nuncamasdirequesiaunarticulo


Avui he vist que l'havien penjat a enfocant i he pensat que jo havia de posar-ho al meu bloc, per molt que m'avergonyeixi. 
És un textet que vaig fer pel bloc de la Confavc, i que no diu res que estimuli a pensar més enllà, l'únic que té de bo és que em va servir per establir vincles amb la gent del meu barri que suposadament està preocupada per la "inseguretat".

On és l'enemic? O la necessitat de l'autocrítica al món veïnal

En els últims anys han sorgit espontàniament plataformes veïnals que reivindiquen “millores” pels nostres barris o denuncien degradació, problemes de convivència i “inseguretat” al marge de les associacions de veïns. Això ens ha obert la porta a moltes associacions a fer una reflexió autocrítica necessària en temps de crisi i d'escassa mobilització. Com a moviment veïnal tenim actualment una mancança greu a l'hora d'interpel·lar a molts veïns amb el nostre discurs i formes de fer, ja que aquest senten les nostres propostes alienes a la seva quotidianitat, encara que siguin pertinents.
Una de les tasques crucials d'una associació de veïns és construir una visió global de barri més justa i incloent a través del coneixement del territori concret en què actuem, amb una composició social cada cop més heterogènia i paradoxal. Aquesta tasca porta implícita la necessitat de transmetre eixa visió de barri i emmarcar-la en un context de ciutat -neoliberal-, en el qual un projecte de barri fet des d'abaix entrarà en conflicte amb l'administració i els poders econòmics.

Sense entrar a analitzar si les associacions de veïns hem assolit la tasca, el que resulta innegable és que manegem un concepte de veí obsolet i poc acurat a les nostres realitats properes, així com que tenim serioses dificultats per trobar vies de comunicació de les nostres tasques, així doncs -quan existeix- la transmissió d'un projecte global de barri fracassa habitualment. Per tant, no podem deixar de valorar positivament el sorgiment d'aquestes noves plataformes, i apropar-nos per veure de quina manera ens podem contaminar els uns als altres.

La autoorganització de veïns en plataformes, grups... pot ajudar a restaurar un teixit social cada cop més erosionat per les condicions de vida, i en el cas dels barris del centre, la pressió turística. No obstant això, “la intenció no és el que conta” i per això quan un grup que s'erigeix com a un interlocutor en un barri vol intervenir en un territori concret és necessari conèixer tant les conseqüències que pot arribar a tenir la intervenció, com els motius que han portat a eixa situació determinada. Per intervenir en una situació de conflicte cal saber qui és l'enemic. I l'enemic no pot ser aquell que no ha decidit estar on està. Diferents exemples de plataformes veïnals sorgides recentment reprodueixen un discurs genèric contra l'administració, però focalitzen les seves crítiques en la brutícia, aquells que generen inseguretat a peu de carrer (des de “rateros de poca monta” fins a turistes), o inclús els sense-sostre (per la imatge que generen). Si identifiquem com enemic al que no ha decidit (com a figura, la decisió particular és un altra cosa) exercir el seu paper, estem apuntant malament.

Per una banda, és necessari reconèixer els responsables de la degradació del barri, és a dir, aquells que tenen la capacitat de decisió: la administració pública i per davant seu (o darrere seu) els poders econòmics. Per l'altra banda, es tracta de buscar i crear formes d'acció que continguin projectes a llarg termini. Si hem constatat la manca de voluntat per part de l'administració de construir un barri a mesura de tots fent servir com a rasadora les persones amb menys recursos, resulta obvi que la contrapartida no pot ser reforçar a l'administració en el seu paper de “papà-estat” i potenciar que intervingui amb solucions parcials que s'han demostrat ineficaces a llarg termini. Sinó que s'ha d'anar més enllà de la denúncia genèrica i mal·leable i (re)construir una realitat social en què els problemes de convivència siguin gestionats per la comunitat i no sancionats per l'administració. Tornar a una visió i una creació de barri incloent amb què tots tornem a posar a sobra la taula que els barris els construïm entre totes. I aquí les associacions de veïns hauríem de tenir molt a aportar.



 
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